La soledad como una elección: cuidar también es respetar esa decisión
11 noviembre, 2025

Mujer mayor sola, serena y feliz sentada en la arena, respirando plenamente, tranquila

La palabra soledad está cargada de estigmas. Se ha vuelto sinónimo de tristeza, enfermedad o abandono. Incluso su connotación negativa lleva a pensar que si una persona vive sola es porque seguramente algo no funciona bien en ella. No existe la diferencia entre la soledad deseada y la no deseada.

“Desde la fundación buscamos trabajar y combatir ese estigma que existe sobre la soledad, ayudando a entender que en muchos escenarios y con la transición demográfica que está viviendo el país, no solamente es deseada, sino que va a ser cada vez más frecuente”, afirma Camila Castellanos, líder de Bienestar Físico y Socioemocional de la Fundación Saldarriaga Concha.

Precisamente, esa es la historia de Patricia. Una mujer de 81 años, que vive sola desde hace 30 años por voluntad propia. Cuenta con independencia económica y tiene capacidades físicas y cognitivas que le permiten moverse y desenvolverse de manera activa. Sin embargo, sus dos hijas comienzan a preguntarse hasta cuándo debería seguir viviendo sola en una ciudad tan complicada como Bogotá.

Ella está en el 18,6% de viviendas unipersonales que el DANE registró en 2020 en el informe La soledad en Colombia-una aproximación desde las fuentes de estadísticas oficiales. Dato que evidencia el cambio en la conformación de las viviendas en Colombia, pues en 2015 era 10,6%.in comprometer su capacidad de decisión ni su derecho a la independencia.nes habitacionales que permiten alquileres más accesibles para jóvenes y, a la vez, en que las personas mayores reciban compañía y apoyo con las tareas domésticas.

 

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¿Qué tan solos estamos?

Esa nueva forma de vivir involucra de manera directa a las personas cuidadoras y las redes de apoyo, quienes suelen interpretar la decisión de una persona de vivir sola como una señal de alerta; pero la realidad es otra: cada vez más personas eligen la autonomía como una forma de bienestar que está directamente relacionada con la posibilidad de participar en escenarios sociales, que van desde la conversación con la vecina o el grupo de oración hasta la cita médica o los trámites bancarios.

Castellanos señala que es conveniente que las personas cuidadoras se permitan un cambio cultural y comprendan que acompañar no significa controlar o decidir por el otro. La pregunta correcta no es ¿quién se va a vivir con ella o con él?, sino ¿en qué aspectos necesita apoyo para mantener su bienestar diario? “Tanto las personas mayores como las personas con discapacidad pueden tomar decisiones sobre su forma de vida y respetarlas con los sistemas de apoyo adecuados. Eso es parte del cuidado ético y humano”, agrega.En asumir ese cambio gradual es donde puede estar el primer paso para entender la decisión de una persona de vivir sin compañía. «Si tenemos sistemas de cuidado a largo plazo que buscan la promoción de bienestar y se incorporan durante todo el curso de vida, no solo en la etapa final, podremos entender mejor. Esto se traduce en tener esquemas comunitarios e intergeneracionales», aclara Castellanos.

 

La Líder de Bienestar de la Fundación Saldarriaga Concha señala que es clave considerar el Índice de Fragilidad, una herramienta que permite estimar el riesgo de deterioro funcional y la necesidad progresiva de apoyos para mantener la autonomía. Aunque se aplica comúnmente en personas mayores entre los 75 y 84 años, también puede ser útil en personas con discapacidad, ya que facilita la planificación de apoyos graduales sin comprometer su capacidad de decisión ni su derecho a la independencia.

En ese sentido, es importante indicar que la red de apoyo y las personas cuidadoras puedan comprender que, si bien llegará un momento de pérdida de capacidad funcional, este no ocurre de un momento a otro. El informe La soledad en Colombia afirma que solo 19% (57.820) de las personas que tienen alguna dificultad en su vida diaria y que viven solas utilizan de manera permanente el apoyo de otra persona.

Es decir, las cifras señalan que los cuidados de alta dependencia se necesitan por lo general en los últimos cinco a diez años de la vida. Si la expectativa de vida es de 78 años en hombres y 82 u 83 en mujeres, la porción de alta dependencia es muy corta.

Por ello, la pregunta clave es cuáles son las actividades de la vida diaria instrumentales o no en las que la persona requiere apoyo. El apoyo puede iniciar simplemente en que alguien acompañe al supermercado para cargar las bolsas, lo cual no significa que sea una persona de alta dependencia.

Promover el bienestar a largo plazo

En asumir ese cambio gradual es donde puede estar el primer paso para entender la decisión de una persona de vivir sin compañía. «Si tenemos sistemas de cuidado a largo plazo que buscan la promoción de bienestar y se incorporan durante todo el curso de vida, no solo en la etapa final, podremos entender mejor. Esto se traduce en tener esquemas comunitarios e intergeneracionales», aclara Castellanos.

El Laboratorio de Aceleración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Argentina registra que los diversos países han comenzado a implementar iniciativas específicas encaminadas a tener estos esquemas.

La entidad informa que se han desplegado diversas líneas de intervención como campañas públicas para visibilizar y posicionar el tema, reducir el estigma y motivar acciones individuales y colectivas. Se trabaja en programas específicos que incluyen desde soluciones habitacionales que permiten alquileres más accesibles para jóvenes y, a la vez, en que las personas mayores reciban compañía y apoyo con las tareas domésticas.

Este tipo de acciones logran el cambio sobre la idea de que el cuidado se centre en lo médico o lo económico. Las personas cuidadoras deben tener presente que el bienestar no depende solo de medicamentos o consultas, sino de la posibilidad de participar activamente en la comunidad.

“Se trata de medir los sistemas de cuidado. Tener claro cuáles son esos servicios que existen y que no se limitan a los servicios médicos. El sistema debe permitir que la persona encuentre diversas actividades para ella o él como talleres en el colegio o la biblioteca más cercana, actividades culturales, programas deportivos o espacios de encuentro vecinal”, describe la experta.

Las cifras también muestran que cada vez habrá más personas mayores con jóvenes que no son sus hijos, ni sus parientes. Es por lo que este relacionamiento debe generar esquemas comunitarios que reconozcan la diversidad, promuevan las relaciones inclusivas y así permitan soportar la sostenibilidad del sistema a largo plazo en el espectro económico, político, cultural y social.

Recomendaciones para personas cuidadores de quienes quieren vivir solos:

  1. Respete la voluntad y la elección.
  2. Evalúe apoyos y adaptaciones necesarias.
  3. Construya una red de apoyo comunitaria.
  4. Garantice seguridad, salud y seguimiento.
  5. Promueva la participación en la vida social y la actividad productiva.
  6. Planifique para diferentes escenarios: es conveniente tener un plan de transición.

 

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