La Fundación Saldarriaga Concha y Profamilia pusieron sobre la mesa un tema que el país le estaba debiendo a las personas mayores. Un asunto lejano a la conversación pública, por temores, vergüenzas y prejuicios. Se trata de la sexualidad en la vejez.
En Colombia prácticamente no existen investigaciones sobre este tema, a pesar de ser una parte integral de la vida de todo ser humano, de su bienestar y su dignidad. Por esa razón, estas dos organizaciones decidieron dar el primer paso con el estudio ‘Percepciones de la sexualidad en personas mayores’, con el que buscaron abrir espacios de diálogo para hablar sin tabúes sobre esta dimensión.
En el estudio participaron, a través de encuestas, 127 personas mayores de 60 años, entre hombres y mujeres, de cuatro ciudades del país: 38 de Medellín, 32 de Manizales, 30 de Tunja y 27 de Montería. Además, personas mayores asistentes a 8 grupos focales y 16 cuidadores y familiares que respondieron entrevistas a profundidad.
En la presentación del estudio, que se llevó a cabo en el Centro de la Felicidad de Chapinero, en Bogotá, se exaltó la sexualidad como una dimensión del ser humano que nace con él y lo acompaña toda la vida. En otras palabras, que no tiene fecha de caducidad. Sin embargo, a pesar de la relevancia que tiene no se le da la suficiente importancia y los vacíos de información sobre ella se llenan con supuestos y mitos.
“Muchas personas mayores no cuentan con espacios donde puedan expresar sus sentimientos, emociones o los cambios que experimenta su cuerpo. Por eso, abrir escenarios de diálogo, confianza e información se vuelve clave para que puedan hablar de su sexualidad sin miedo ni prejuicios y, al mismo tiempo, para empezar a romper estigmas alrededor de este tema”, expresó Paola Montenegro, directora de investigación de Profamilia, durante el evento.
De acuerdo con el estudio, 34% de quienes participaron no hablan con nadie sobre sexualidad, las razones principales tienen que ver con que falta interés (35%), sienten vergüenza (21%) o consideran que es inapropiado (14%). Quienes sobrepasan la cultura del silencio hablan con amigos (16%), con la pareja (14%) y con profesionales de la salud (22%), que en ocasiones no tienen la preparación o el interés para conversar sobre sexualidad, como lo expresó una mujer del grupo focal de Manizales: “Yo sí lo he preguntado, sino que hay médicos que son muy malgeniados o muy maleducados. Muchas veces dicen ‘eso es normal, eso es normal’. Muchas veces no le responden a uno. Es muy escaso el médico que lo escuche a uno y le explique”.
La cultura del silencio
El estudio señala que la falta de diálogo y de información sobre este asunto está relacionada con las barreras culturales, sociales y del sistema de salud, que se han ido acumulando a lo largo de la vida. Precisamente, Soraya Montoya, directora Ejecutiva de la Fundación Saldarriaga Concha, y Lucía Nader, psicóloga y experta en sexualidad y parejas, quienes participaron en un panel de comentarios sobre el estudio, recordaron que la generación de personas mayores no recibió educación sexual y crecieron con los tabúes que se han tenido sobre la sexualidad, impidiéndoles vivirla plenamente.
Además, explicaron que la sexualidad es una función biológica que también se expresa a través de lo psicosocial y está influida por cada persona y por su entorno. Por eso, la represión o el silencio frente este tema les ha impedido explorar su sexualidad.
“La desinformación era tal que, hace algunos años, cuando las jóvenes experimentaban su primera menstruación, muchas salían corriendo asustadas al ver su primer sangrado”, recordó Nader.
Montoya destacó que la situación está cambiando gracias a que el aumento de la expectativa de vida ha puesto el envejecimiento en un lugar cada vez más predominante en la vida cotidiana y ha abierto el espectro de los temas que deben ser tratados.
“Antes, al hablar de envejecimiento, nos centrábamos únicamente en la salud y la pensión; luego incorporamos el bienestar y el cuidado, y ahora también abrimos la conversación sobre la sexualidad en la vejez, un tema al que no se la ha dado la importancia que merece”, explicó.
Precisamente, la Fundación Saldarriaga Concha y Profamilia lanzaron durante el evento la campaña ‘Mis canas, mis ganas’, con la que invitaron al país a conversar los diferentes temas relacionados con la sexualidad en la vejez. Porque la sexualidad no se jubila, se transforma.
Mensajes que deja el estudio
Como se destacó durante la presentación del estudio Percepciones de la sexualidad en personas mayores de Medellín, Montería, Manizales y Tunja y de la campaña’ Mis canas, mis ganas’, los datos evidencian que la sexualidad continúa siendo reconocida como parte integral de la vida:
- 97% de hombres y 90% de mujeres afirman que la sexualidad es parte integral de todas las personas, incluso mayores.
- 98% de hombres y 87% de mujeres consideran normal el deseo sexual en esta etapa.
- 62% reportó haber tenido relaciones sexuales en los últimos doce meses.
- Solo 8,7% cree que menopausia o andropausia marcan el fin de la vida sexual.
La mayoría percibe esta etapa como un momento de transformación y no como cierre definitivo. Sin embargo, existen unas tensiones y unas percepciones de los roles de género, que conviene analizar:
- 86% de los hombres considera la sexualidad “muy importante”.
- 37% de las mujeres la considera así.
- 42,9% de las mujeres considera que el deseo sexual disminuye en la vejez.
- 28,1% de los hombres que el deseo sexual disminuye en la vejez.
- 51% de las mujeres cree que debe complacer sexualmente a su pareja.
- 42% de los hombres creen que las mujeres deben complacerlos.
- 61% de hombres y mujeres no realiza otras prácticas sexuales (masturbación, juguetes, etc.).
Diferencias territoriales:
- Medellín: mayor apertura; 100% considera normal el deseo sexual.
- Tunja: mayor reserva; 83,3% afirma no tener prácticas sexuales.
- Montería: influencia de estructuras de género más rígidas.
- Manizales: fuerte peso de normas culturales y religiosas.
Algunas conclusiones del estudio
- La sexualidad no desaparece, sino que se transforma. No se define únicamente por el acto sexual, sino que abarca afecto, compañía e intimidad emocional.
- Mujeres y hombres experimentan la sexualidad en la vejez de manera distinta.
- Contrario a la idea de que la menopausia o la andropausia marcan el fin de la vida sexual, estas etapas son catalizadores de una profunda transformación.
- Todas las personas mayores tienen el derecho a decidir. A decir “sí” o “no”.
- La familia, la comunidad y las instituciones influyen directamente en las posibilidades de vivir la sexualidad de las personas mayores.
- Es necesario generar formación en sexualidad para redes de apoyo y profesionales de la salud.
- Es fundamental fomentar espacios seguros de diálogo en entornos institucionales y comunitarios.
- En las políticas públicas, la sexualidad en la vejez debe ser incluida como una prioridad en salud pública y envejecimiento saludable.
- Se debe fortalecer la producción y distribución de materiales accesibles sobre sexualidad y envejecimiento.
- Es importante apoyar investigaciones que amplíen el rango etario y reconozcan la diversidad sexual en la vejez.
“Me parece muy importante esta información. Desafortunadamente en Colombia estamos muy atrasados en cuanto a la educación sexual porque siempre ha habido tabú. En otras partes del mundo hay más conocimiento de la sexualidad. Nos debemos educar más en este tema”, Javier Barrios, de 74 años, asistente a la presentación de la investigación y la campaña.
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