La educación sexual no termina con la edad
17 marzo, 2026

En la portada de 'Percepciones de la sexualidad en personas mayores de Medellín, Manizales, Montería y Tunja, una mujer mayor sonríe en un mercado popular

La posibilidad de vivir la sexualidad en la vejez está profundamente relacionada con la educación y la información que las personas reciben a lo largo de su vida. Las familias, las redes de cuidado y el sistema de salud pueden acompañar ese proceso o, por el contrario, limitarlo, como lo muestra la investigación Percepciones de la sexualidad en personas mayores de Medellín, Montería, Manizales y Tunja, realizada por la Fundación Saldarriaga Concha y Profamilia.

En los grupos focales, entrevistas y encuestas, las personas mayores participantes señalaron que muchas de las dificultades que enfrentan en su vida íntima están relacionadas con barreras sociales, culturales y vacíos de información. De hecho, el 57% de las personas mayores encuestadas manifestó que nunca ha recibido una charla, taller o capacitación sobre salud sexual a lo largo de su vida adulta. Ver infografía.

“Estamos enfocados en la educación sexual para los adolescentes, pero se nos olvida que la sexualidad nos acompaña a lo largo de la vida. Hoy los mayores de 50 o 60 años, que tuvieron muy poca educación sexual, están en un limbo donde nadie les explica qué pasa con sus cuerpos en esta nueva etapa», asegura la ginecóloga y sexóloga Tatiana Murcia.

Un participante en Montería confirma lo anterior: “a nosotros nos enseñaron que de eso no se hablaba, y así nos quedamos… no es que no queramos saber, es que no hay quién nos enseñe con respeto«. Por ello, el estudio recomienda generar campañas que no se limiten a la prevención de enfermedades, sino que promuevan información, alfabetización emocional y conversaciones abiertas sobre sexualidad en la vejez.

En esa misma línea, el informe sugiere fortalecer programas de educación sexual integral que, como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), permitan a las personas desarrollar conocimientos, habilidades, actitudes y valores para vivir su sexualidad con bienestar, dignidad y respeto por sí mismas y por los demás.

«La conversación sobre la sexualidad no debe limitarse al conocimiento del cuerpo. La sexualidad es un dominio propio, individual, de mis expresiones afectivas, de mi reconocimiento, de la exploración de mi cuerpo, mis gustos y mis deseos», explica la líder de Bienestar Físico y Socioemocional de la Fundación Saldarriaga Concha, Camila Castellanos.

De la vigilancia a la autonomía

Esa educación sexual integral también pasa por la familia y las personas cuidadoras; sin embargo, ni unos ni otros parecen estar preparados, de hecho, el estudio muestra que existen tensiones por este asunto. Algunas redes familiares no ven “pertinente” hablar del tema; otras consideran que el acompañamiento debe venir de profesionales (psicología o medicina). “Mi mamá es una mujer chapada a la antigua (…) Sería incómodo, porque no son temas tan relajados para hablar, dijo un familiar consultado”. «Yo no tengo la competencia. Si el tema surge, lo redirecciono a psicología o enfermería…», relató una cuidadora a las investigadoras.

En ese sentido se comprende el dato que señala el estudio: solo el 21% de los participantes siente que su entorno familiar cercano (hijos o nietos) es un espacio seguro para hablar de sus deseos sin ser juzgados, pues sienten que coartan la privacidad y el derecho a decidir. «A uno lo empiezan a vigilar. Que si sale, que con quién habla, que si se puso tal ropa… Los cuidadores creen que tienen el derecho de decidir con quién me relaciono yo, como si yo fuera una niña chiquita», declaró una mujer en la investigación.

Castellanos explica que una de las mayores barreras es la tendencia de los familiares a infantilizar a la persona mayor, al asumir que ya no tiene deseos o que estos son ‘peligrosos’ o ‘inapropiados’. “Son esas ideas de que las personas mayores no pueden tener intimidad. Que su tiempo ya pasó. Por eso no estamos preparados para hablar con ellos o acompañarlos”, dice.

Por situaciones como esta es que la investigación recomienda trabajar con la familia y las personas cuidadoras de las personas mayores con el objetivo de promover el respeto por la autonomía y la privacidad.

En ese sentido, Luisa Fernanda Solano, analista cualitativa de Profamilia, señala que existe una oportunidad para diseñar e implementar políticas y programas que fortalezcan el rol de las redes como apoyo sin sustituir la autonomía de la persona mayor.  Políticas públicas que respondan desde el bienestar y no ignoren la sexualidad.

Para la experta es de gran importancia crear condiciones para el encuentro humano y espacios de socialización, pues el aislamiento es el enemigo directo del derecho a la intimidad. Como aseguró uno de los participantes en Medellín: «si uno no sale, si no hay grupos donde conocer gente, pues uno se va quedando solo y el deseo se va muriendo por falta de otro… los espacios para nosotros son solo para gimnasia o tejer, no para enamorarse».

Promover el diálogo en las consultas médicas

La investigación también evidencia otra barrera que se interpone en la autonomía de la vida íntima y afectiva en la vejez: la falta de atención y guía de los profesionales de la salud frente a los cambios inherentes a la edad.

Los datos cualitativos muestran una percepción de un acompañamiento médico insuficiente en información: «a uno le mandan pastas para la presión… pero el médico nunca le dice a uno: ‘vea, esto le puede pasar’. Uno se queda con la duda de si es la edad o es la droga», afirmó uno de los participantes en relación con su desempeño sexual.

El informe detalla que siete de cada diez participantes reportaron que la iniciativa de hablar sobre sexualidad nunca proviene del profesional de la salud y más de seis de cada diez sienten que sus necesidades sexuales son secundarias o ‘no urgentes’ para el médico en comparación con enfermedades como la diabetes o la hipertensión.

Para Paola Montenegro, directora de Investigaciones de Profamilia, las consultas médicas deberían ir más allá del control de enfermedades y propender por una educación. En sus palabras, “la educación sexual integral es la que te muestra la sexualidad como una dimensión de la vida, de cómo te relacionas con tu cuerpo y el de otras personas; involucra tu autoestima, tus comportamientos. No solo se trata de funcionamiento físico ni de prevenir enfermedades sino de entender que la sexualidad te acompaña desde que naces y que involucra tu autoestima y la relación con tu cuerpo”, dice la experta.

Garantizar el derecho a la sexualidad en la vejez es una responsabilidad que involucra a distintos sectores de la sociedad. La evidencia presentada por la investigación de la Fundación Saldarriaga Concha y Profamilia muestra que muchas de las barreras actuales pueden transformarse a través de la educación, el acceso a información y la apertura de conversaciones que reconozcan la sexualidad como parte de la vida en todas sus etapas.

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