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Rosa Blanco, experta en educación señala cómo atender el desafío de la inclusión social y la desigualdad de América Latina
Atender a los menores de 3 años, lograr cambios en la educación inicial y básica para que no siga reproduciendo las desigualdades presentes en la sociedad, así como promover la inclusión más que la integración, son los principales retos que tiene América Latina, según la especialista en educación inclusiva, infantil e innovaciones educativas Rosa Blanco Guijarro, de la oficina regional de UNESCO en Chile, quien se encuentra esta semana en Bogotá.

Rosa Blanco - Experta en Inclusión educativa de la UnescoBlanco, es una abanderada de la idea de que la educación con calidad para todos comienza en la primera infancia. En el mundo educativo es conocida por su labor de ‘evangelización’ en este tema, por eso es una de las invitadas especiales en el Foro por la Primera Infancia y la Inclusión Social, que comenzará el próximo miércoles, 11 agosto, en la Universidad Nacional.

 

“Una atención y educación de calidad en los primeros años son cruciales para reducir tempranamente las desigualdades y lograr una mayor inclusión educativa y social”, señala la experta que adelantó algunas de sus ideas.

 

 

¿Qué avances ha logrado en el tema de equidad e inclusión social América Latina?

 

La exclusión social y educativa son fenómenos crecientes en todos los países del mundo y especialmente críticos en América Latina, que se caracteriza por ser la región más desigual del mundo y por tener sociedades altamente segmentadas.  Pese a los esfuerzos que están realizando los países, la educación reproduce las desigualdades y la segmentación presentes en la sociedad, aunque también hay escuelas que hacen la diferencia y son capaces de logar que sus estudiantes aprendan en situaciones muy adversas.

 

Una atención y educación de calidad en los primeros años es crucial para reducir tempranamente las desigualdades y lograr una mayor inclusión educativa y social. Muchas de las políticas de equidad que se están desarrollando en los países no están teniendo los resultados deseados porque los niños inician la educación básica en condiciones muy desiguales. La atención y educación de la primera infancia sienta las bases del desarrollo de las personas y también del conjunto de la sociedad. Numerosos estudios muestran su alto retorno social, económico y educativo (mejores logros de aprendizaje y menor repetición y deserción).

 

Los países de América Latina están realizando esfuerzos de distinta magnitud en el área de la atención y educación de la primera infancia (AEPI), siendo la región de los países en desarrollo con un mayor avance y un futuro más promisorio en esta área. Ha habido importantes avances en los marcos normativos y en el desarrollo de planes integrales de largo plazo a favor de la infancia y la adolescencia, y un aumento significativo del acceso de los niños de 3 a 6 años a programas y servicios de AEPI. Muchos países han establecido uno o dos años de la educación inicial, o tres en algún caso, dentro de la educación obligatoria, o tienden a universalizar la oferta en las edades de 5 y 4 años, aunque no sean obligatorios.

 

Sin embargo, la atención a los menores de tres años es un gran desafío en la región. Las políticas, la oferta de programas y los recursos humanos y financieros están más  focalizados en los niños de 4 y 5 años, a pesar de que numerosos estudios han mostrado que los tres primeros años son críticos para el desarrollo de las personas.

 

Los avances en cobertura no han ido de la mano de una mayor calidad y equidad. Existen grandes desigualdades en función del origen socioeconómico, lugar de residencia y pertenencia cultural, no sólo en el acceso sino también en la calidad de la atención y educación que se les ofrece. De tal forma que los niños y niñas que más se podrían beneficiar de una atención y educación de calidad en los primeros años son los más excluidos de los programas y servicios.  Los principales obstáculos para acceder a los programas y servicios son la pobreza, el bajo nivel de instrucción de los padres, la distancia de los centros o ausencia de oferta, los costos económicos y la falta de pertinencia cultural de los programas.

 

Los países han desarrollado, en mayor o menor medida, políticas de equidad focalizadas en los grupos más en situación de mayor vulnerabilidad pero éstas se han mostrado insuficientes en términos de generar mayor inclusión, afianzando, en muchos casos, la segmentación presente en la sociedad. Las políticas de inclusión están adquiriendo creciente importancia en la región, pero con alguna excepción, los niños y niñas migrantes, con VIH/SIDA, afrodescendientes y con discapacidad están muy invisibilizados, observándose una mayor desarrollo de políticas y programas para los niños y niñas de pueblos originarios.

 

Ha habido avances muy significativos en los aspectos relacionados con la supervivencia.  América Latina está bastante cerca de lograr la meta de los Objetivos del Milenio de reducir en 1/3 la mortalidad infantil pero existen brechas significativas  entre los países y grupos poblacionales en los índices de mortalidad infantil, falta de hierro, raquitismo, y en el acceso a servicios de salud y cuidado materno infantil. El área de la nutrición ha de ser objeto de mayor atención. 

 

Los progresos en el área de protección de la primera infancia han sido menos significativos que los relacionados con las áreas de supervivencia y educación. A pesar de los avances en materia legislativa existen altos índices de abuso y maltrato físico y psicológico hacia los niños y niñas, y todavía hay un alto porcentaje que no están inscritos, situándolos en una grave situación de exclusión y en mayor riesgo de sufrir abusos y otras formas de violencia.

 

¿Qué hacer para atender ese desafío?

 

El desarrollo de sistemas educativos más inclusivos que garanticen la igualdad de oportunidades a una educación, atención y educación de calidad y  contribuya a una mayor inclusión y cohesión social implica avanzar en los siguientes aspectos:

 

  • Realizar debates con el  conjunto de la sociedad para construir un enfoque amplio de la inclusión educativa, e identificar en cada país los grupos más excluidos y las barreras que enfrentan para hacer efectivo el derecho a una atención y educación de calidad. Es importante contar con estadísticas desagregadas por nivel socioeconómico, etnias, zonas geográficas y por discapacidad para identificar las desigualdades al interior de un país.

 

  • Revisar y adecuar los marcos legislativos desde la perspectiva de la inclusión y las convenciones sobre los grupos minoritarios o con menor poder dentro de la sociedad y  fortalecer los sistemas de garantía existentes para hacer efectivo el derecho a la educación sin discriminación.

 

  •  Desarrollar políticas intersectoriales para ofrecer una atención integral en la primera infancia y para abordar los factores que generan exclusión dentro y fuera de los sistemas educativos.

 

  • Aumentar los niveles de inversión en la AEPI, y hacer una redistribución equitativa de los recursos humanos, materiales, financieros y tecnológicos.

 

  • Invertir más en los agentes educativos de la AEPI, formando profesionales representativos de la diversidad presente en las sociedades y revisar y actualizar  las mallas curriculares para que se incorporen conocimientos teórico-prácticos sobre la inclusión y la atención a la diversidad.

 

  • Desarrollar sistemas integrales de protección social que combinen prestaciones básicas universales  para todos los niños y sus familias con apoyos y recursos complementarios y adicionales para atender las necesidades de los grupos sociales y contextos en situación de mayor vulnerabilidad.

 

  • Mayor voluntad política y desarrollo normativo que posibiliten la expansión de programas y servicios inclusivos que atiendan a todos los niños y niñas de la comunidad, independientemente de su origen social, cultural y características individuales

 

  • Generar sistemas de apoyo de carácter intersectorial e interdisciplinar para identificar y atender oportunamente las alteraciones de desarrollo u otras situaciones que afecten el bienestar de las niñas y niños, y colaboren con los docentes en la atención a la diversidad.

 

  • Desarrollar currículos inclusivos que consideren las necesidades y los aportes de diferentes grupos sociales y contextos y garantizar  la interculturalidad y el  aprendizaje en la lengua materna en los primeros años.

 

  • Fortalecer la participación de los diferentes actores locales y la familia en los procesos de inclusión.

 

  • Promover estudios e investigaciones que permitan identificar las estrategias y prácticas que favorecen la inclusión educativa, y difundir buenas prácticas.

 

 

¿Cuál es el país de América Latina más avanzado y cuál el más rezagado en el tema de inclusión?

 

La inclusión es un proceso que nunca está acabado del todo. Todos los países están realizando esfuerzos de distinta naturaleza para reducir las desigualdades educativas, la exclusión y marginación, pero todavía hay un largo camino por recorrer. Los avances dependen, entre otros factores, del grado de voluntad política, del desarrollo legislativo, de la presión de las familias y de la sociedad, de los niveles de inversión y del compromiso y formación de los docentes y otros profesionales.

 

 

¿Cómo está Colombia en el tema?

 

Este viaje me va a permitir conocer en terreno cuáles son los avances y aprender de las experiencias que se están realizando. Es muy positivo que la equidad y la inclusión sean dos ejes centrales de la política educativa. Una de las apuestas de la Revolución Educativa es la transformación y fortalecimiento de las instituciones educativas para que sean más inclusivas y  atiendan de forma pertinente a la diversidad del alumnado y las poblaciones en condición de vulnerabilidad. Así por ejemplo, la guía para el mejoramiento institucional contiene un conjunto de elementos o indicadores para evaluar la inclusión en los centros. También es destacable que la inclusión se conciba en sentido amplio y no solo referida a los niños y niñas con discapacidad.

 

En el caso específico de los niños y niñas con discapacidad es importante resaltar el hecho de que los padres y madres puedan inscribir a sus hijos en el proceso ordinario de matrícula establecido en la entidad territorial, lo cual facilita su inclusión en las escuelas regulares, pero brindándoles los recursos y apoyos que tienen que necesitan. También se potencia que las escuelas identifiquen las barreras que los estudiantes enfrentan para participar y aprender y ajusten las estrategias pedagógicas y de evaluación sean adecuadas y pertinentes a las necesidades de los estudiantes.

 

Los proyectos etnográficos que se están desarrollando son también una estrategia que puede favorecer la inclusión, ya que estos se construyen con la participación de la propia comunidad, lo cual favorece que la educación sea pertinente a sus necesidades, concepciones del mundo e intereses. Uno de los elementos claves de la inclusión es que la enseñaza considere la diversidad de necesidades, capacidades e identidades de los estudiantes.  

 

¿Cómo explicar la diferencia existente entre integración e inclusión?

 

La inclusión tiene un foco más amplio y de naturaleza distinta al de la integración. Mientras que esta última se preocupa de asegurar el derecho de las personas con discapacidad, u otros grupos excluidos, a educarse en las escuelas comunes, la inclusión aspira a hacer efectivo para toda la población el derecho a una educación de calidad, asegurando el acceso y permanencia, la participación y el aprendizaje de todos los estudiantes, preocupándose especialmente de aquellos que, por diferentes causas, están excluidos o en riesgo de ser discriminados o marginados. 

 

El foco de atención de la inclusión también es de naturaleza distinta al de la integración. En ésta última, los grupos excluidos que se incorporan a las escuelas regulares tienen que adaptarse o asimilarse a la oferta educativa disponible (curriculum, métodos, valores y normas), independientemente de su lengua materna, su cultura o sus capacidades. Los sistemas educativos permanecen inalterables, y las acciones se centran más en la atención individualizada de estos alumnos (programas individuales, estrategias y materiales diferenciados, profesores especializados, etc) que en modificar aquellos factores del contexto educativo y de la enseñanza que limitan la participación y el aprendizaje de los estudiantes. Es decir se “prepara a los estudiantes para que se adapten a la escuela”.

 

En la inclusión, el foco de atención es la transformación de los sistemas educativos y de las escuelas para que sean capaces de acoger a todos y atender la diversidad de necesidades de aprendizaje de todos los estudiantes, sea cual sea su origen social y cultural, su lengua, sus capacidades o situaciones de vida. Desde esta perspectiva, ya no son los grupos admitidos quienes se tienen que adaptar a la escolarización y enseñanza disponibles, sino que éstas se adaptan a las necesidades de todos los estudiantes, porque todos son diferentes. Es decir, la escuela es la que se prepara para asegurar la participación y aprendizaje de todos.

 

En la inclusión el elemento clave no es la individualización sino la diversificación de la oferta educativa y la personalización de las experiencias comunes de aprendizaje con el fin de lograr el mayor grado posible de participación de todos los estudiantes, sin perder de vista las necesidades de cada uno. Esto significa avanzar hacia “diseños universales”, en los que el currículo y la enseñanza consideren de entrada la diversidad de necesidades de todos los estudiantes, en lugar de planificar pensando en “un alumno promedio” (en cuanto a lugar de residencia, cultura, origen socioeconómico y capacidades) y luego realizar acciones individualizadas para dar respuesta a las necesidades de determinados estudiantes o grupos que no han tenido cabida en una propuesta educativa que se inscribe en una lógica de la homogeneidad y no de la diversidad.

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